Negocios Industriales

Siempre trata bien a tus abuelitos

Siempre trata bien a tus abuelitos

A diferencia de mí, mi hermana creció en una casa donde sólo vivía conmigo y nuestros padres, yo, en cambio, inicié mi vida habitando la casa de mi abuela, acompañado de mis padres, por lo que conseguí una relación estrecha con mi viejita. La respetaba, le contaba mis problemas y mis alegrías, salíamos a caminar o a comprar un helado, pasaba mucho tiempo con ella y la llegue a querer tanto como a mi madre. Mi hermana sólo veía como un pesar el tener que ir a visitarla, decía que se aburría de sus pláticas de viejita y siempre se alejaba de ella, sabía que a mi abuela le dolían estas actitudes pero no había mucho que pudiera hacer.

Un día mi viejita comenzó a tener llagas en los pies, así que mis padres la llevaron al médico, mientras yo busqué lo que podía ser y al darme cuenta de que podría ser algo grave debido a sus padecimientos, busqué en Google ‘tratamiento pie diabético’ y también algunos consejos para evitar que empeore, para que cuando volvieran y me confirmaran que de eso se trataba, estuviera preparado para darle algún tipo de atención o ayudarla a superarlo. Y así lo hice, mi abuela tenía inicios de pie diabético, mi mamá me explicó lo que el doctor les había recomendado y algunas cosas yo ya las había leído en internet, así que comencé a apoyarla en sus cuidados. Decidí quedarme un tiempo con ella, para que nada malo le sucediera mientras se mejoraba.

Alguna vez le pedí de favor a mi hermana que la cuidara pues yo tenía que hacer cosas del trabajo, pero siempre ponía de pretexto que tenía mucha tarea de la preparatoria y la iba a hacer todo el fin de semana, aunque nunca veía que la hiciera, sino hasta la noche del domingo. Así que a veces dejaba sola a mi abuelita. Hasta que la tragedia se hizo presente. Uno de esos días en que mi hermana se negó a cuidarla y que yo no pude quedarme, ella sufrió complicaciones que no pudieron revertir en el hospital y falleció. Yo estaba devastado, al igual que mi hermana, cosa que me sorprendió.

Después de enterrar a mi viejita, mi hermana seguía inconsolable. Me confesó que se sentía culpable de su muerte, pues creía que si hubiera estado con ella, nada de eso hubiera pasado, quizá pudieron prevenirlo o reaccionar a tiempo. Entonces le dije que si eso era cierto, ella y todos los que no pudimos quedarnos junto a ella ese día éramos lo culpables, o quizá era algo inevitable. Pero comprendía el por qué se sentía así, también tenía culpa de no haber pasado más tiempo con ella, de haberle provocado el llanto con su desprecio y desplantes, pero ya nada podía hacer. Por algo siempre dicen que todo hay que darlo en vida.

No esperes a que la muerte te arrebate a tu ser querido para demostrarle todo tu amor. También recuerda que algún  día serás anciano y querrás que te traten de la mejor manera posible. Así que como quieras ser tratado, comienza por actuar de esa forma con los adultos mayores.