Negocios Industriales

No quiero ahorrar, mejor pido prestado

No quiero ahorrar, mejor pido prestado

El hábito del ahorro se ha ido perdiendo paulatinamente en México, los jóvenes ya no desean comprar la casa de sus sueños, tener automóviles o la mejor tecnología en sus hogares, ahora lo que buscan es ser almas libres, viajar por el mundo, llenarse de distintas culturas. Por otra parte, hay personas que no tienen la posibilidad de juntar algo de su sueldo, pues lo tienen justo para el día a día en sus hogares. Por lo que en ambos casos podrían recurrir a los préstamos personales.

Un préstamo no es malo la mayoría de las veces, pero deben tenerse en consideración diversos factores que a la larga podrían afectarnos más que lo que nos ayudaron en su momento. Por eso siempre, en la medida de tus posibilidades, hay que tener en mente el ahorro, que nos puede sacar de muchos apuros sin necesidad de tener que pagar intereses.

A continuación les voy a platicar dos historias basadas en hechos reales en los que un préstamo fue la mejor solución y otra en cómo tener un ahorro puede salvar incluso una vida.

AHORRANDO SALVÉ LA VIDA DE MI MADRE

Los dolores eran insoportables, la señora ya no podía moverse, le costaba caminar y tuvieron que llevarla a un hospital. Uno de los hijos, quien todavía vivía con ella, fue el encargado de trasladarla a un hospital público, donde las horas transcurrían y no la atendían, debido a que no consideraron que fuera un caso grave, por eso mejor la llevó a otro particular, donde le dijeron que necesitaba una operación urgente, pues tenía piedras en la vesícula y ésta ya no iba a soportar más. El costo de la operación era de 50 mil pesos, esto sin contar con los días que pasará internada.

El hermano mayor acudió a ver a su madre pero ya no se encontraba en el hospital, habían decidido llevarla con un doctor que le recomendó la amiga de la madre, el cual cobraba mucho más barato y era muy bueno como cirujano. Sin embargo, el lugar era una casa adaptada como hospital, no daba mucha confianza pero el tiempo avanzaba y entrar al quirófano era vital para la madre.

El hermano mayor llegó al lugar y le informaron que tenían que pagar 20 mil pesos por la operación y después los gastos que se den en la recuperación. El joven recordó que tenía 26 mil pesos ahorrados, por lo que corrió al banco a sacarlos para que pudieran salvar a su madre. Ahora puede presumir de que haber ahorrado ayudó a que su madre siga a su lado.

NECESITABA UN PRÉSTAMO

Una joven se había quedado sin empleo después de poco más de un año laborando en una  empresa, por lo que su liquidación sería baja y además no podría añadir mucha experiencia a su currículum. Encontrar trabajo era difícil y su finiquito duraría muy poco. Ante la desesperación recurrió a pedir un préstamo personal para pagar sus deudas, las cuales liquidó con el dinero que solicitó, por lo que sólo tenía que pagar el préstamo y sus gastos diarios. Por fortuna encontró trabajo y pudo liquidarlo antes de tiempo, pero no abrió un hoyo y tapo otro para salir de su problema.