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El terror de una primera lesión

El terror de una primera lesión

Como deportista profesional de cualquier disciplina, sabes que estás expuesto a cualquier cantidad de lesiones, ya sea desde las más leves, hasta la que requieren de intervención quirúrgica. Sin embargo, como padre de un deportista, verlo desde afuera te genera una sensación de impotencia, te invade el miedo de que tu hijo o hija no vuelva a caminar o, peor aún, que no vuelva a hacer lo que más le gusta en la vida. Hoy quiero compartirles la primera lesión de mi hijo, y tuve la desgracia y fortuna de haberla presenciado en primera fila.

Desde muy pequeño, mi hijo ha practicado deportes de contacto, como el taekwondo y el judo, pero cuando entró en la adolescencia se encontró con las Artes Marciales Mixtas y quedó maravillado. Su madre no quería dejarlo practicar este deporte de salvajes, como ella decía, pero con o sin nuestro permiso, lo iba a hacer, así que decidí informarme más sobre el deporte, dónde se podía practicar, las ventajas y desventajas, etc. Al final decidí que yo lo apoyaría si era en verdad lo que más quería. Comenzó a entrenar en un gimnasio muy conocido en México sobre este deporte, los fueron formando y su actitud cambió. Se volvió un chico más responsable, tranquilo pese a la agresividad del deporte y con una concentración sorprendente. Los entrenamientos lo dejaban agotado, pero su cuerpo también sufrió cambios, los músculos se le marcaron y algunos crecieron. El entrenador me decía que casi estaba listo para entrar a peleas amateurs.

Más pronto de lo que pensé llegó el día de su debut en las Artes Marciales Mixtas amateurs. Ganó su primer combate, después el segundo y el tercero, hasta que en su cuarta pelea conoció la derrota por nocaut. Verlo caer me asustó, pero reaccionó en los siguientes segundos y me dejó más tranquilo. Siguió entrenando y peleando, hasta que llegó la oportunidad de tener su primer combate profesional, el cual perdió por decisión unánime. Seis meses después tuvo la oportunidad de volver a subir a una jaula. Le tocaba pelear contra alguien más bajo que él pero con mucha más musculatura. Los golpes que recibía mi hijo eran brutales, sobre todo en la zona baja. Le gritaban que se cubriera el abdomen, pero él prefería evitar que le entraran en el rostro. Grave error. El rival de mi hijo aprovechó para meterle una patada en las costillas que lo llevó a la lona. El referí marcó el nocaut y de inmediato llamó a los médicos. Algo no estaba bien.

Llevaron a mi hijo de emergencia a un hospital, pues no podía respirar bien. En el lugar le hicieron unos rayos x de tórax, donde se dieron cuenta que tenía tres costillas rotas y una había rozado el pulmón, lo que provocaba dolor al respirar. Lo operaron de inmediato. La cirugía fue todo un éxito, mi esposa por fin se sintió aliviada y dijo que nuestro hijo no volvería a ese deporte, pero él quería seguir. Cumplió los 10 meses de rehabilitación, pero decidió esperarse a cumplir un año y medio para regresar a una pelea. Hoy su récord profesional es de 10-3, con cinco victorias por nocaut. Sueña con algún día representar a México en la UFC.