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El amor que se llevó la Navidad

El amor que se llevó la Navidad

Hay fechas en las que los sentimientos están a flor de piel y se exageran sobremanera, como puede ser la felicidad o la tristeza. Una de estas fechas es la Navidad o el Año Nuevo, cuando estamos pensando en todo lo bueno o malo que nos sucedió a lo largo del año, todo lo que logramos y lo que dejamos ir. Por eso, si nos ocurre algo que no ponga extremadamente feliz podríamos sentirnos en el paraíso, pero si nos acontece algo malo, podríamos sentirnos en el mismísimo infierno.

Hace un par de años pasé de estar en el paraíso junto a mi Beatriz a caer al último de los círculos del infierno de Dante, donde podía sentir los colmillos de Satanás masticando mi corazón y mi alma. Desde el mes de octubre de ese año, ya en la recta final de un 2014 que había sido no tan malo, todo parecía volver a brillar gracias a una chica. Cursaba el sexto semestre de la carrera cuando supe que la joven que se había robado mi corazón desde el primer día en que entré a la escuela y la conocí estaba soltera, por fin había dejado su relación codependiente y era mi oportunidad de intentar conquistarla. Ya nos llevábamos muy bien, pero trataba de mantener mi distancia para no caer en una zona donde sólo me viera como amigo y fuera difícil salir de ahí, la que todos conocemos como friendzone. Comencé a platicar aun más con ella y ahora sí le hacía comentarios como lo bonita que se veía ese día, o que le quedaba bien ese corte o sus uñas, etc. Trataba de halagarla. Hasta que un día me agarré valor de no sé donde y la invité a salir. Ella aceptó.

Salimos cuatro veces antes de que decidiera pedirle que fuera mi novia y pudiéramos formalizar la relación. La primera vez fuimos al cine y a tomar un café, algo clásico. Después pasamos todo un día en el bosque de Chapultepec, visitando museos, navegando en el lago, viendo payasos, comiendo y recostados en el pasto. Todo era mágico. Después llegó la tercera cita, una en la que me arriesgué demasiado, la invité a los quince años de una de mis primas, donde iba a estar toda mi familia presente. La pasamos extraordinariamente bien, después fuimos a casa y se quedó a dormir. Pero antes de caer a los brazos de Morfeo vimos una película romántica que finalizó con un beso apasionado. La cuarta y última cita fue una donde salimos con varios amigos a beber unos tragos, que eran necesarios debido a que había trabajado horas extra en un plotter de corte que estaba arreglando. Por causas de fuerza mayor me tuve que quedar en su casa, ya era demasiado tarde. A la mañana siguiente me fui sin despertarla, sólo me despedí de su madre, quien me había visto levantarme. De haber sabido que era la última vez que estaríamos juntos me habría despedido de ella.

El 24 de diciembre, día en que habíamos quedado de vernos, me canceló la cita y comencé a checar que me había bloqueado de todas las redes sociales. Facebook, Twitter y WhatsApp. La única respuesta que tuve es que había regresado con su ex y que estaba protegiéndome. Ese año me robaron la Navidad y las siguientes tres Navidades, las cuales no festejé por la herida que tenía aún abierta en el corazón.