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Month: January 2018

La “Edad de Oro”… el siglo XVIII y el diagnóstico médico

La “Edad de Oro”… el siglo XVIII y el diagnóstico médico

El Grupo GDA se encuentra trabajando por ofrecer la mayor calidad en cuanto al servicio de diagnóstico médico al pueblo de México a través de sus 4 marcas de laboratorios que la representan.

Si bien, cada una cuenta ya con una trayectoria de servicio a lo largo y ancho del país… te has preguntado alguna vez ¿cómo era este tipo de servicios hace apenas un par de siglos atrás?

De hecho, al visitar hoy una clínica de esta índole me hacia la pregunta de cómo se veía o si existía algo similar en siglos anteriores.

Por ejemplo encontré que en el siglo XVIII el cual es considerado como la “Edad de Oro” del exitoso practicante, así como del exitoso curandero se realizaba en ese entonces ya el uso de la frenología (el estudio de la forma del cráneo para predecir las facultades y el carácter).

Sin embargo aún predominaba el uso de los imanes, “poderes” y pociones para el tratamiento de la enfermedad que fueron en su mayoría estafas.

Vemos entonces que el avance de la medicina en esta época fue más teórico que práctico.

La medicina interna fue mejorada por los nuevos libros de texto que catalogaron y describieron muchas formas nuevas de enfermedades, así como por la introducción de nuevas drogas.

De hecho, el estado de los hospitales en el siglo XVIII, era alarmante según los estándares actuales.

La recuperación de las operaciones quirúrgicas fue debido a la septicemia. El concepto de antisepsia aún no se había descubierto y los hospitales eran notorios por la enfermedad filthand hasta bien entrado el siglo XIX.

Vaya, en esa época sí que daba horror enfermarse y caer en un hospital resultaba mortal. Sin embargo, existieron buenas noticias y por supuesto los avances.

Un evento notable que es precursor de la práctica moderna de la medición de laboratorio fue la tromboplastina plasmática y otras pruebas de coagulación, el cual fue el descubrimiento de la causa de la coagulación.

El fisiólogo inglés, William Hewson (1739-1774) demostró que cuando la coagulación de la sangre se retrasa, un plasma coagulable se puede separar de los corpúsculos y desnatar la superficie.

La máxima aportación de fue el identificar que el fibrinógeno es una proteína plasmática y que la incoagulación se convierte en fibrina.

Los métodos de diagnóstico clínico de la percusión, la temperatura, la frecuencia cardíaca y las mediciones de la presión arterial se refinaron más y hubo algunos intentos notables de emplear instrumentos de precisión durante el diagnóstico.

Leopold Auenbrugger (1722-1809) fue el primero en utilizar la percusión del tórax en el diagnóstico en 1754 en Viena. Este método implicó golpear el pecho del paciente mientras el paciente moldea su respiración.

Auenbrugger propuso que el cofre de una persona sana suena como un tambor cubierto de tela.

Esto llevó a un estudiante de Auenbrugger, Jean Nicolas Corvisart, un médico francés de La Charité en París, ser el pionero en el diagnóstico preciso de enfermedades cardíacas y pulmonares utilizando la técnica de golpeteo de tórax de Auenbrugger.

El sonido resultante es diferente cuando los pulmones contienen lesiones o fluidos que las personas sanas. Esta observación fue validada por el examen post-mortem.

El escocés James Currie (1756-1805) fue el primero en utilizar baños fríos en el tratamiento de la fiebre tifoidea y al monitorear la temperatura del paciente con un termómetro, pudo ajustar la temperatura y la frecuencia de los baños para tratar a los pacientes.

Sin embargo, tuvieron que pasar otros cien años, antes de que la termometría se convirtiera en una característica reconocida en el diagnóstico clínico.

En 1707, Sir John Floyer de Staffordshire, introdujo el concepto de medir la frecuencia del pulso midiendo los latidos del pulso con un reloj.

Contó los latidos por minuto y tabuló los resultados; pero su trabajo fue ignorado debido a un sano escepticismo por una antigua doctrina galénica de que había un pulso especial para cada enfermedad.

El trabajo pionero para medir la presión sanguínea fue realizado por Stephen Hales (1677-1761), un clérigo inglés. Hales ideó el primer manómetro o tonómetro que utilizó para hacer estimaciones cuantitativas de la presión arterial, la capacidad del corazón y la velocidad de la corriente sanguínea.

El trabajo de Hales fue el precursor del desarrollo del esfigmomanómetro utilizado hoy en día para medir la presión arterial arterial.

Se continúo produciendo avances adicionales en el análisis de orina llegándose a encontrar de que la causa de la diabetes es por el azúcar en 1776. Para 1780 se desarrollo la prueba de levadura para diagnosticar estos casos.

De esta forma vemos que mucho se ha avanzado desde entonces y doy gracias a la ciencia de que tengamos mejores alternativas de diagnóstico hoy en día como los que encontramos en el Grupo GDA.

El amor que se llevó la Navidad

El amor que se llevó la Navidad

Hay fechas en las que los sentimientos están a flor de piel y se exageran sobremanera, como puede ser la felicidad o la tristeza. Una de estas fechas es la Navidad o el Año Nuevo, cuando estamos pensando en todo lo bueno o malo que nos sucedió a lo largo del año, todo lo que logramos y lo que dejamos ir. Por eso, si nos ocurre algo que no ponga extremadamente feliz podríamos sentirnos en el paraíso, pero si nos acontece algo malo, podríamos sentirnos en el mismísimo infierno.

Hace un par de años pasé de estar en el paraíso junto a mi Beatriz a caer al último de los círculos del infierno de Dante, donde podía sentir los colmillos de Satanás masticando mi corazón y mi alma. Desde el mes de octubre de ese año, ya en la recta final de un 2014 que había sido no tan malo, todo parecía volver a brillar gracias a una chica. Cursaba el sexto semestre de la carrera cuando supe que la joven que se había robado mi corazón desde el primer día en que entré a la escuela y la conocí estaba soltera, por fin había dejado su relación codependiente y era mi oportunidad de intentar conquistarla. Ya nos llevábamos muy bien, pero trataba de mantener mi distancia para no caer en una zona donde sólo me viera como amigo y fuera difícil salir de ahí, la que todos conocemos como friendzone. Comencé a platicar aun más con ella y ahora sí le hacía comentarios como lo bonita que se veía ese día, o que le quedaba bien ese corte o sus uñas, etc. Trataba de halagarla. Hasta que un día me agarré valor de no sé donde y la invité a salir. Ella aceptó.

Salimos cuatro veces antes de que decidiera pedirle que fuera mi novia y pudiéramos formalizar la relación. La primera vez fuimos al cine y a tomar un café, algo clásico. Después pasamos todo un día en el bosque de Chapultepec, visitando museos, navegando en el lago, viendo payasos, comiendo y recostados en el pasto. Todo era mágico. Después llegó la tercera cita, una en la que me arriesgué demasiado, la invité a los quince años de una de mis primas, donde iba a estar toda mi familia presente. La pasamos extraordinariamente bien, después fuimos a casa y se quedó a dormir. Pero antes de caer a los brazos de Morfeo vimos una película romántica que finalizó con un beso apasionado. La cuarta y última cita fue una donde salimos con varios amigos a beber unos tragos, que eran necesarios debido a que había trabajado horas extra en un plotter de corte que estaba arreglando. Por causas de fuerza mayor me tuve que quedar en su casa, ya era demasiado tarde. A la mañana siguiente me fui sin despertarla, sólo me despedí de su madre, quien me había visto levantarme. De haber sabido que era la última vez que estaríamos juntos me habría despedido de ella.

El 24 de diciembre, día en que habíamos quedado de vernos, me canceló la cita y comencé a checar que me había bloqueado de todas las redes sociales. Facebook, Twitter y WhatsApp. La única respuesta que tuve es que había regresado con su ex y que estaba protegiéndome. Ese año me robaron la Navidad y las siguientes tres Navidades, las cuales no festejé por la herida que tenía aún abierta en el corazón.